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La
historia del Puerto de Navacerrada está íntimamente unida a la de los monarcas que han
gobernado España desde tiempos de los Reyes Católicos. Tal y como hoy en día nos agrada
a todos el ir a pasar unos días o semanas a disfrutar del aire puro y fresco de la
montaña, a los Reyes que habitaban en Madrid, en el Palacio Real, les gustaba tener zonas
de recreo y asueto para distraerse de sus obligaciones y preocupaciones, como eran las
guerras, las disputas entre los nobles, las epidemias, etc.
Para ello contaban con distintas residencias que utilizaban según las circunstancias y
las épocas del año. Así se fueron construyendo palacios como los de El Escorial y
Aranjuez, y otros Reales Sitios como el actual Parque del Retiro de Madrid o la Casa de
Campo. La caza fue siempre una de las aficiones más nobles que practicaron nuestro
gobernantes regios, siendo destacable el Monte del Pardo, con su residencia palaciega, y
los montes y matas de Valsaín y Riofrío, próximos a Segovia.
Para poder disfrutar de las ventajas del clima, vegetación, caza y paisajes que ofrecía
la ladera noroccidental o segoviana de la entonces denominada Sierra Carpeto-Vetónica
(actualmente Sistema Central) de la Península, se construyeron distintos palacios y
residencias en esa zona, siendo las más importantes el Palacio de Riofrío, el Palacio de
Valsaín (hoy en ruinas) y el Palacio de La Granja o Real Sitio de San Ildefonso.
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Fue Felipe V, primer Rey Borbón,
quien recuperó en 1720, de la comunidad de Jerónimos del Monasterio del Parral, en
Segovia, las tierras que los Reyes Católicos les donaron 242 años antes, situadas en el
actual emplazamiento de La Granja, así conocida por ser las tierras y huertas en donde
los jerónimos solían pasar la estación cálida, entregados a la contemplación de las
bellezas de la naturaleza y a la meditación de las cosas santas.
Próxima a esta Granja se encontraba la pequeña Ermita de San Ildefonso ( que existe
actualmente). Felipe V, el Animoso, de vacaciones en su Palacio de Valsaín, que andaba de
excursión por los pinares, quedó prendado de los alrededores de la Ermita y de La Granja
y se hizo construir el Palacio, cuyas obras finalizaron en
1723.

Laguna de Peñalara |
A partir de
entonces La Granja se convirtió en una obsesión para Felipe V, que, educado en Francia,
se construyó un pequeño Versalles en una zona en la que el clima le permitía huir de
los rigores del verano madrileño, aunque era frecuente que se desplazase en otras épocas
del año ya que había decidido jubilarse anticipadamente y quedarse a vivir allí, cosa
que no pudo hacer al fallecer su hijo Luis en quién había abdicado.
Para llegar a La Granja desde Madrid, tradicionalmente las comunicaciones se realizaban
por el camino que discurría por el Puerto de La Fuenfría, paso que se venía usando
desde la época de los romanos, quienes trazaron la calzada, cuyos restos se pueden ver
hoy en día, que unía Titulcia (en el sur de Madrid) con Segovia.
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Carlos III decidió emprender la
construcción de una carretera más cómoda y moderna debido a las dificultades que
presentaba la ruta de la Fuenfría, especialmente en invierno.
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Según nos describe D. José de Fagoaga en 1845, en su obra "Descripción de
los Reales Sitios de San Ildefonso, Valsaín y Riofrío", "el desabrigo del
(camino) de la Fuenfría y lo pendiente de su cuesta obligó a abrir éste (el
camino del Puerto de Navacerrada) dándose principio el año 1788 bajo la dirección
del arquitecto de Palacio, D. Juan de Villanueva desde las puertas del Real Sitio de San
Ildefonso con un camino Real con algunas subidas y bajadas pequeñas hasta la Venta de los
Mosquitos o Peña Agudilla, conocida vulgarmente por la Cantina, distante una legua de
este Sitio de Valsaín, a cuya jurisdicción pertenece, y dos y media del de San
Ildefonso. En esta venta empieza la subida del Puerto (de Navacerrada) de siete
cuartos de legua y en ella las siete revueltas finalizando la última en el alto o boquete
que separa a Peñalara de Sietepicos y divide las dos Castillas. En una de las revueltas
hay una fuente con el nombre de Fría, y su pilón de piedra, punto donde acostumbran a
descansar los pasajeros por la frescura de sus aguas, y por ser la vista más pintoresca
de los pinares."
El autor confunde Peñalara con el
alto de Guarramillas
La construcción de la carretera que discurría por el Puerto de Navacerrada hizo que
cayera en desuso la de la Fuenfría, que hoy se mantiene para uso forestal y turístico.
Desde entonces y hasta principios del siglo XX la carretera fue transitada por caminantes
y viajeros a lomos de caballería o en diligencias tiradas por
animales.
Con la
aparición de los vehículos a motor se hizo muy popular la la carrera automovilística de
La Cuesta de Navacerrada del año 1914. Es en estos años, especialmente a partir
de 1915, cuando se comienza a practicar el esquí con asiduidad en la cumbre del
puerto.
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Es también en esta época cuando se ponen de moda las excursiones por los parajes
naturales de los alrededores, cuyo principal promotor fue la Institución Libre de
Enseñanza, a finales del siglo XIX, de la mano de Francisco Giner de los Ríos.La primera excursión documentada a la Sierra del Guadarrama
tuvo lugar el 14 de julio de 1883 con el itinerario siguiente realizado a pie durante
cuatro días: estación de Villalba, puerto de Navacerrada, monasterio de El Paular,
laguna de Peñalara, puerto del Reventón, La Granja y Segovia. Hay que hacer notar que en
esta época no existía ni el tren que une Cercedilla con el Puerto de Navacerrada y el
Puerto de los Cotos (antes denominado Puerto de El Paular), contruido en 1921, ni la
carretera que une ambos puertos actualmente.
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Pinar de Valsaín Nevado |
Es a principios del siglo XX por
tanto, cuando comienza un uso turístico y deportivo de la Sierra de Guadarrama, que tiene
su epicentro en el Puerto de Navacerrada. Personajes de la época son Manuel González de
Amezúa, el Marqués de Santa María del Villar, Francisco Fernández Pacheco, Constancio
de Quirós, el Marqués de Valle Inclán, Victory, Schmidt, los hermanos Kindelán y el
infatigable Conde de Albiz, que fundó un pequeño grupo llamado La Fiambrera,
que organizaba excursiones por el entorno serrano (tortilla de patatas incluida) allá por
1912. Como se puede apreciar, los orígenes del montañismo, tanto en España como en
otros países europeos, viene de la mano de la nobleza, que tenía tiempo libre para
disfrutarla.
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Con este despegue de los deportes de montaña, se inicia la construcción en el Puerto de
Navacerrada de las primeras edificaciones, que datan de 1909 y corresponden a tres
chalets-refugios de Club Alpino Español, que reunía por la época más de cien socios.
Después vino la construcción de la Venta Arias, del Chalet de Dos Castillas ( de la
Sociedad Deportiva Excursionista), del Chalet de la Real Sociedad de Alpinismo Peñalara,
etc, etc.

Sierra de las Cabrillas con escarcha
En 1954 se instala el Telesilla a Guarramillas (comunmente La Bola del Mundo) y
posteriormente otras instalaciones entre las que destacó el trampolín de salto del
Escaparate (hoy desmantelado) que fué una joya de la historia del esquí en España. En
esta pequeña estación invernal se formaron los hermanos Arias (propietarios de la Venta)
que se convirtieron en impulsores del esquí en España ganando varios campeonatos
nacionales. Luis Arias fue uno de los más activos promotores de la estación de Baqueira
Beret que hizo que el Valle de Arán pasase de ser una zona deprimida y olvidada a tener
la más alta renta per cápita de nuestro país.
Otro de los hitos del Puerto de Navacerrada se marca en las décadas de 1960 y 1970,en la
que se formaron unos cuantos esquiadores, con el ejemplo de los hermanos Arias. De
todos ellos destaca la saga de los hermanos Fernández Ochoa (de Cercedilla), con especial
mención a Paquito, que consiguió una inesperada medalla de Oro en los Juegos Olímpicos
de 1972 en Sapporo (Japón). Desde entonces ningún español (excepto su hermana Blanca y
con mucho esfuerzo) ha conseguido una gesta parecida. Ni las mejores estaciones de esquí
actuales, españolas o extranjeras, con los mejores preparadores, los mejores equipos,
grandes presupuestos, etc, han conseguido que ningún español alcance el nivel de esquí
de este modesto vecino del Puerto de Navacerrada, con poco más de 4 remontes dignos de
ser llamados así. Y es que El Puerto (como coloquialmente se le denomina) es
mucho Puerto.
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Y como colofón a estos apuntes históricos hay que destacar que en los últimos
años han florecido numerosas edificaciones en la vertiente madrileña del Puerto que
están produciendo la destrucción de lo que en otras épocas fueron pinares para la
curación del espíritu, permaneciendo prácticamente intacta la vertiente segoviana. Por
otra parte, la utópica idea de transformar la estación invernal en una gran estación de
esquí al mas puro estilo alpino o pirenaico (ya ha quedado demostrado que no es necesario
para crear grandes campeones) ha llevado a los gestores públicos (porque los privados ya
se retiraron hace tiempo) a invertir grandes cantidades de dinero y medios en la
instalación de cañones de nieve y remontes que son a todas luces improductivos. Con las
comunicaciones actuales vale la pena desplazarse a otras zonas a esquiar.
El Puerto de Navacerrada ha sido el germen del esquí y la montaña en España, ha
generado campeones, ha exportado su entusiamo, pero su destino debería ser el mantenerse
como lo que fue en su origen: un lugar de distracción y relax para quienes deseen
disfrutar de su entorno natural; para lo cual es necesario evitar la destrucción de
nuevos lugares, bajo la excusa de más aparcamientos, más instalaciones, más pistas,
carreteras más amplias, etc que sólo provocaran mayor afluencia, más congestión
y más daño, que será a su vez la excusa perfecta para que la Administración imponga
prohibiciones y restricciones que nos impidan disfrutar a los madrugadores y forofos de
estos parajes de los placeres que nuestros regios antecesores descubrieron y pusieron a
nuestro alcance.
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